lunes, 21 de enero de 2019



            En la parte inferior, interna de los ojos, acercándonos a la nariz, tenemos unos hoyitos llamados lagrimales.  Estos dos hoyitos están diseñados para sacar agua de nuestro cuerpo.  Y a esta agua le llamamos lágrimas.
            Hay  muchas cosas en la vida que nos avergüenzan, otras nos dan miedo, otras nos desagradan, otras nos incomodan.  Y las lágrimas son una de ellas, porque hemos sido mal enseñados.  No se nos ha dicho la verdad acerca de su propósito.
            Cuando nuestros sentimientos no tienen la ayuda de la razón, son una presión sobre nuestro corazón.  Igualmente, cuando nuestros razonamientos se conforman a la sociedad, a las exigencias de nuestro entorno, ejercen una influencia negativa sobre nuestros sentimientos más puros y preciosos.
             Necesitamos liberar nuestro corazón de temores.  Debemos deshacernos de sentimientos impuros.  Necesitamos poner verdad en nuestra mente y nutrir nuestros pensamientos con inteligencia, sabiduría y toda clase de cosas puras, limpiándonos así de orgullo, altivez, egoísmo, vanidad y otros semejantes que nos destruyen lenta y dolorosamente.

        Las lágrimas son agua purificadora.  Lloramos cuando entendemos nuestras equivocaciones. Lloramos cuando entendemos que personas amadas nos han traicionado, cuando descubrimos que aquello en lo cual creíamos no es verdad, cuando el dolor en nuestros sentimientos o en nuestras convicciones o esperanzas es muy grande.  Sentimos dolor ante una decepción, ante un desengaño, ante un deseo no cumplido, ante un sueño frustrado.  Hemos sido enseñados que llorar es estar derrotados.  Nos han dicho que llorar es ser vencidos, dudar de nosotros mismos, ser débiles.  Pero es todo lo contrario. Llorar es aceptar la realidad con objetividad y valentía, limpiando la amargura para poder continuar el camino con dulzura, ternura, dedicación, fe, disposición, entrega, fidelidad y ánimo.
             No llorar es dejar un resto de cobardía, de mentira, de engaño, arriesgándonos a cosechar un dolor mayor que el anterior.  Es lastimar la alegría que se verá afectada, alterada y limitada para fluir con libertad y fortalecernos para lograr más en la vida.
              Llorar es honestidad.  Es pureza de corazón.  Es un compromiso con la verdad.  Es no negar nuestra identidad.  Es aceptar lo sucedido para seguir creyendo en lo que puede llegar a suceder.  Es soltar lo que ya se ha perdido para tener las manos libres para asir con fuerza lo que tenemos por delante.

               Llorar no es un ejercicio, es algo natural que no debe ser ni evitado ni forzado.  Con el tiempo podemos llegar a fortalecernos de tal forma que lloremos sólo por dentro; aunque las lágrimas no lleguen a salir por nuestros ojos, sí corren adentro de nosotros en nuestra alma.  Sólo el dolor muy fuerte se expresa y libera, alivia y soporta, a través de las lágrimas sobre el rostro.

              Llorar es algo muy íntimo.  Debemos evitar al máximo llorar frente a otras personas, pues esto podría exponer nuestra parte más sensible, exponiéndonos a mayores penas.
                Debemos enseñarles a nuestros hijos a llorar solamente cuando el dolor es muy fuerte, y debemos permitirles llorar a solas en su dormitorio cuando muestren necesidad de hacerlo.  No debemos permitir berrinches, ni rebelión ni manipulación, pero sí la expresión natural de los sentimientos.  Debemos estimularla, hablando de lo importante que es ser libres, honestos, valientes, fuertes y fieles a la verdad.  Una forma correcta de pensar, un enfoque correcto de la vida, y libertad y fuerzas para vivir de acuerdo a ello, son necesarios para ser verdaderamente felices.

             No importando cuanto tiempo lleve algo en ti, hoy es un buen tiempo para que lo afrontes y te liberes de una carga que nunca debiste haber llevado.  El tiempo puede hacer que algo se vuelva casi irreconocible, pero la forma en la que vives tu vida demuestra que hay algo no resuelto, y es importante tomarse el tiempo para buscar este “algo” y tratarlo hasta estar seguros de que no ha quedado nada que pueda estorbarte, confundirte o detenerte más adelante.
              Ten muy en cuenta que cuando dejamos las cosas al tiempo podemos llegar a lamentarlo muchísimo, debido a las consecuencias de no haber hecho a tiempo algo que era urgente.  Las actividades sociales, las exigencias del mundo, tienen esta tendencia, las presiones económicas suelen hacernos perder la perspectiva, y nuestras prioridades vienen a estar mal colocadas, amenazando nuestra paz, y nuestra felicidad.

            Llorar debiera de ser para nosotros tan natural como tomar un baño cuando nos sentimos sucios, sudados o estresados.  No se forza, no se evita, se hace porque es necesario y bueno.  Y aunque no es algo dulce en sí mismo, su fruto sí lo es.  Y es así como debemos entenderlo y verlo:  llorar nos hace bien.  Y es por eso que no debemos rechazarlo ni verlo como algo indeseable, negativo, incorrecto, destructivo o inadecuado.
            Llorar puede ser el inicio de un largo camino o el final de uno que gracias a Dios ha llegado a su fin.  Pero lo que importa es que caminemos sin carga, sin mala conciencia, sin resentimientos.  La fidelidad debe ser uno de nuestros valores más altos.  La integridad debe mantenernos conscientes y despiertos, atentos a toda señal de desequilibrio en la senda del amor y de la justicia.

            Llorar no es vergonzoso, vergonzoso es mentirnos y engañarnos a nosotros mismos, ser egoístas e infieles a las demandas de la vida, y convencernos de que todo está bien, cuando ni siquiera hemos reconocido el mal que hay que enfrentar.

            ¡Vivamos la vida con dignidad, con virtud, con alegría, con esperanza, con sueños, con libertad, con confianza, con paz, porque hemos hecho un compromiso con la verdad y no hay nada que temer!
           ¡Qué la alegría de amar y ser amados brille sobre nuestros rostros cada día, qué la frescura de la libertad y el calor del amor nos fortalezcan para soportar los días nublados, de frío y lluvia, sabiendo que hemos de volver a ver el arcoiris, y que la vida es una invitación constante a la felicidad, a través del crecimiento, de la toma de responsabilidades y su cumplimiento fiel!
            ¡Qué el aprender a vivir y amar nos emocione y nos conceda felicidad que no podemos imaginar, pero que hemos de disfrutar y abrazar con ambas manos por toda la eternidad!


"Las personas crecen a través de la experiencia 
si enfrentan la vida honesta y valientemente.
Es así como se forma el carácter."
                                                                                         Eleanor Roosevelt


“Por la noche durará el lloro, y a la mañana vendrá la alegría.” Sal.30:5

“Nuevas son cada mañana, grande es tu fidelidad.”  Lamnts. 3:23

“Pon mis lágrimas en tu redoma; ¿no están ellas en tu libro?”  Sal.56:8

“Al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios.” Sal.51:17




Virtud

¿Qué significa esta palabra “virtud”

ya desconocida para la juventud?

¡Encierra tanto!



¿Por dónde comenzar?

Y no excluye jugar

como algunos podrían pensar.



Es hacerlo todo con encanto,

y, a través de ello, hacer más escaso el llanto.

Guía nuestro camino con sabiduría

y nos previene de la altanería.



Siempre mide consecuencias

y no se vale de violencia.

Nunca se apresura

y es totalmente pura.



Nuestra vida en tantas formas embellece

y de alegría no carece.

Es inteligencia y paciencia,

conocimiento y amabilidad,

¿en qué forma excluye esto la libertad?



Es comprensión y perdón,

enseñanza y destreza;

¿a caso está esto afuera de la belleza?

También la limpieza y el orden

entran en este orden.



Caminando con ella

no provocaremos ninguna sensata querella.



Controlamos la bulliciosa y ofensiva risa

y siempre en los labios llevamos la sonrisa.

Otras cualidades que a ella pertenecen

son la honestidad y la fidelidad,

¡elementos básicos para una exitosa sociedad!



Todas estas cosas enlistadas,

con el tiempo son borradas,

si con entendimiento, voluntad y amor

no se cuidan con el debido fervor!



¡Qué lindo también poder bromear,

y ante la intimidación de la mirada excéntrica

saber cómo callar!

¡Virtud fantástica!



¿Por qué no hacerla una dulce realidad?

Llenar nuestra vida con esta verdad

y en nuestro mundo propagar,

en lugar de tristeza, destrucción y vanidad

                 

                ¡GRAN   FELICIDAD!





Canciones:
Kenny Rogers:  "You decorated my Life"
Luis Miguel:  "Ahora te puedes marchar" 
Vikki Carr:  "Mala suerte"
B. Streisand:  "The way we were"
STYX:  "Don´t let it end"
Rocío Banquel:  "Luna mágica"
P. Labelle & M. McDonald:  "On my own"
J. Newton:  "Angel of the morning"
Abba:  "The winner takes it all"
J. Iglesias:  "Crazy"
Bee Gees: "Tragedy"

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